La violencia familiar es aquella que se da entre los miembros de una familia tanto dentro, como fuera de la casa. Afecta a todos sus integrantes de forma directa o indirecta y genera consecuencias a nivel psicológico, físico o emocional; sin embargo, cuando la violencia ocurre durante la infancia, los daños que se generan en la personalidad del niño(a) pueden ser para toda la vida. Si el niño(a) no recibió el afecto o cuidado que necesitaba y en su lugar, recibió maltrato emocional o físico, lo más probable es que desarrolle una personalidad con baja autoestima, sentimientos de minusvalía, culpabilidad y/o gran inseguridad, lo cual, con el paso del tiempo, hará que termine por no darle importancia ni valor a sus necesidades afectivas.
La familia es nuestro primer referente de aprendizaje en el cual los seres humanos aprendemos a relacionarnos. Aquí se construye la autoestima, entedida como la valoración que uno hace de sí mismo de forma positiva o negativa. Este concepto surge de la interacción entre la persona y el ambiente, es decir, tanto del autoconcepto como de la crítica constructiva o descalificadora que hacen los demás; estas condiciones hacen que la autoestima sea algo aprendido y como tal, todo aquello que se aprende es susceptible de modificarse a lo largo de la vida.
Una persona que no tiene una autoestima fuerte se transforma en alguien que puede ser maltratado porque no pone límites o no se da cuenta de que está siendo abusada. Por otra parte, alguien puede compensar su baja autoestima, maltratando y abusando de su poder con otros. En la violencia familiar, tanto el agresor como la persona agredida, tienen baja autoestima sólo que se manifiesta de diferente forma. Por eso, una manera fundamental de prevenir la violencia es criar a los hijos dándoles el estímulo necesario para fortalecer su autoestima. Esto, dado que comúnmente, las personas que vivieron violencia en sus hogares reproducen estas conductas con otras personas a lo largo de su vida, creando relaciones insatisfactorias o conflictivas puesto que así lo aprendieron.
En la niñez se aprende a pensar conforme a las reacciones de los adultos o personas que están alrededor; por lo tanto, si alguien crece con personas que no sabían expresar su amor, temerosas o tristes, es natural que hayan aprendido a percibirse a sí mismos de una forma negativa, viendo el mundo como sus padres lo hacen, sin recursos de afrontamiento y de forma insegura. El término de “niño interior” hace referencia a la autoestima, la cual se va formando a temprana edad; no obstante como adulto es responsabilidad de cada uno de nosotros contribuir a fortalecerla.
Aunque esta situación tiene origen en la familia, no hay que culpar a nadie por lo que ocurre ya que las personas no pueden enseñar aquello que no saben, si los padres no saben amarse, cuidarse o valorarse a ellos mismos, no pueden brindar a los hijos las herramientas para hacerlo, por lo tanto, podemos decir que hacen lo mejor que pueden con lo que han aprendido. Como adultos somos los responsables de las experiencias que vivimos, nosotros elegimos qué creer a cerca de nosotros mismos o cómo responder ante situaciones de la vida diaria, por ello la importancia de sumergirse en el interior y sanar viejas heridas en la autoestima con la finalidad de no continuar repitiendo patrones de conducta con respecto a la violencia familiar, en su relación con los demás o alimentando emociones como el enojo.